|
No es extraño ver a Navarro parar a una velocidad endiablada
para sacar un tiro imposible, ni verle arrancar para desbordar a su
rival con un cambio de ritmo digno del mejor, como tampoco es extraño
verle dar un pase definitivo. Pero tal vez nunca se le había visto
defender con tanta solvencia, ganas e ilusión. Transmitía pasión en su
nuevo rol. Implicación absoluta en las ayudas y máxima presión cuando
su jugador defendido tenía el balón o intentaba recibir para generar un
tiro. ¡Es un jugador increíble, inigualable! Los compromisos mediáticos
hacen que al final en los quintetos ideales de los grandes torneos no
estén todos los mejores.
El ataque español al inicio del partido vivió más de la facilidad
que otorgaba la gran defensa que volvimos a desplegar y de la
genialidad individual, que de la fluidez. Tal vez todo hubiera sido
mucho más difícil sin ese acierto exterior inicial y sin la facilidad
para aportar puntos de todos los titulares. Luego ya, con el marcador
muy cuesta arriba, Serbia claudicó.
Con Rudy y Navarro compartiendo pista muchos minutos (novedad
táctica con respecto a otros campeonatos), la amenaza continua de
nuestros exteriores ha permitido jugar más fácil a nuestros interiores.
Nuestros rivales sabían que para defender a los hermanos Gasol era
necesario el trabajo en equipo, con ayudar exageradas. Solo cabía dejar
libre al hombre exterior más alejado, generalmente en la esquina
contraria al poste bajo en el que recibían.
Con tanto jugador definitivo jugando a la vez, resulta difícil para
el rival decidir donde focalizar su atención en defensa. Si además se
ponen a trabajar en defensa y deciden olvidar los problemas surgidos,
la excelencia se convierte en realidad.
Queda como asignatura pendiente el que Rubio sea capaz de castigar
con mayor consistencia la indolencia que los rivales suelen mostrar con
su tiro en la defensa de los bloqueos directos.
Nuestros jugadores se conjuraron para ser equipo y obtener la victoria y la victoria les hizo más equipo.
Sólo un pequeño pero: los partidos duran cuarenta minutos. Es sólo
un compromiso con la estética. Los últimos minutos de partidos, más
pendientes de celebrar que de jugar, son lógicos. Pero el marcador, si
bien abultado, se nos quedó corto para la lección dada por nuestra
selección. Ahora volvemos a soñar con que el futuro, igual que el
presente, puede existir. ¡No nos hagáis despertar del sueño!
Por Juan José Hernández Liras
Entrenador Superior de Baloncesto para JGBasket - BDBaloncesto
Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor valídate o regístrate. Powered by AkoComment 2.0! |