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Aportado por Juan José Hernández Liras
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lunes, 21 septiembre 2009 |
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No es extraño ver a Navarro parar a una velocidad endiablada
para sacar un tiro imposible, ni verle arrancar para desbordar a su
rival con un cambio de ritmo digno del mejor, como tampoco es extraño
verle dar un pase definitivo. Pero tal vez nunca se le había visto
defender con tanta solvencia, ganas e ilusión. Transmitía pasión en su
nuevo rol. Implicación absoluta en las ayudas y máxima presión cuando
su jugador defendido tenía el balón o intentaba recibir para generar un
tiro. ¡Es un jugador increíble, inigualable! Los compromisos mediáticos
hacen que al final en los quintetos ideales de los grandes torneos no
estén todos los mejores.
El ataque español al inicio del partido vivió más de la facilidad
que otorgaba la gran defensa que volvimos a desplegar y de la
genialidad individual, que de la fluidez. Tal vez todo hubiera sido
mucho más difícil sin ese acierto exterior inicial y sin la facilidad
para aportar puntos de todos los titulares. Luego ya, con el marcador
muy cuesta arriba, Serbia claudicó.
Con Rudy y Navarro compartiendo pista muchos minutos (novedad
táctica con respecto a otros campeonatos), la amenaza continua de
nuestros exteriores ha permitido jugar más fácil a nuestros interiores.
Nuestros rivales sabían que para defender a los hermanos Gasol era
necesario el trabajo en equipo, con ayudar exageradas. Solo cabía dejar
libre al hombre exterior más alejado, generalmente en la esquina
contraria al poste bajo en el que recibían. Escribe tu comentario (0 Comentario[s]) |
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Ultima modificación ( lunes, 21 septiembre 2009 )
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