
Hemos llegado hace un rato de Plasencia. No puedo dormir. Hemos ganado de 4, perdiamos todo el partido, en algún momento del segundo cuarto hasta de 17.
Cuantas emociones se pueden llegar a sentir en un banquillo.
Estupor ante la salida en tromba del rival, enfado ante nuestra floja defensa del bloqueo directo, rabia por no saber transmitir la fuerza necesaria.
Desesperación en algunas protestas a los árbitros.
Se fue la luz en el pabellón al inicio del tercer cuarto y decidí sentarme, tomar aire e intentar tranquilizarme. Con muchas pulsaciones iba a ser más difícil pensar en que podía ayudar a mis jugadores para remontar.
El apagón se prolongó, me hizo bien. Nuestra afición no callaba, estaban detrás nuestro, no dejaron que nos enfriáramos.
El lenguaje corporal de cada uno de los miembros del equipo fue más calmado, nos estábamos diciendo: podemos.
Kelvin encestó dos triples que abrían la lata y nos acercaban a 6 ó 7 puntos, no metió más, suficiente.
Los Pivots leyeron que el nivel físico en el rebote era mayor, Panadero se metió donde dicen que los tiradores no se meten cuando pasan de 30 años, a la pintura a pegarse. Fue decisivo.
La zona 2-3 nos ayudó a ganar tiempo y a que Plasencia dudara, sus aleros no hicieron el triple.
Nos la jugamos en la última posesión (20 segundos) ganando de dos, a no hacer falta, nos parecía que Plasencia cada vez tenía más problemas a la hora de anotar. Acertamos.
Un puño al aire.
No fue el partido perfecto, no jugamos como a mi me gusta pero como me dijo alguien después, la remontada es raza. Los jugadores, el equipo demostró carácter. Ganamos fuera de casa, en un pabellón muy difícil.
Los valientes que vinieron a apoyarnos se vieron recompensados, hubo comunión.
La emoción fue grande bajando a vestuario. La segunda vuelta hemos ganado 13 partidos y hemos perdido 3. Vamos a jugar los PlayOffs.
Me acordé de todas las puertas que nunca se abrieron el año pasado, Huesca, Badajoz, Plasencia y alguna más. De algunas de ellas que nisiquiera se pusieron al teléfono para decir que no cuando parecía otra cosa. De la frustración de no poder ejercer mi profesión. No me considero mejor ni peor que otros entrenadores, pero si con capacidad suficiente para poder ayudar a ganar.
Gracias al Cáceres 2016 y a su gente por darme la oportunidad de sentirme entrenador.
Por poder sentir estas emociones.
PD: Mi más sincera enhoranuena al CAI Zaragoza, mi corazón está con un parto tan laborioso como ese.
Que se comenta