Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Mie
17
Feb '10

Londres: Formación continuada

Hay que mantenerse al día. Así que os anoto el título de dos libros que me compré el otro día en la Cuesta Moyano de Madrid, relacionados con el tema de este blog y también pondré un link a un blog interesante que he descubierto hace poco.
Londres para turistas ricos” (Ediciones Marte, Barcelona, 1972) y “Yo, Londres” (misma editorial, 1977), ambos de Joaquín Merino, periodista y escritor que pasó mucho tiempo en la capital de La Pérfida, y al que los lectores españoles habrán visto en alguna tertulia de la televisión.
El primero cuenta la vida nocturna londinense, habla de pubs, restaurantes, de shopping, de hoteles… con un tono bastante humorístico y leído en 2010 lo más relevante es todo lo que cuenta de la España de los años 70 sin pretenderlo. Inevitablemente, al contar lo que les sorprendía a los españoles que viajaban a Reino Unido entonces (aparece hasta Masiel), se cuenta cómo era la vida en España.
“Yo, Londres” cuenta la historia de la ciudad a través de la historia en primera persona, como da a entender el título (en una paráfrasis de la novela “Yo, Claudio”, supongo). El libro se lee bien y resulta ameno e interesante, pero el artificio de que sea la ciudad misma la que cuenta chirría en muchos pasajes y resulta algo pueril para un lector adulto curtido.
Y finalmente el blog. En este link encontraréis mucho material para mejorar vuestra pronunciación y comprensión de la lengua inglesa:

Vie
11
Dic '09

Misterios de la Blogosfera

Entro poco al blog, así que cuando lo hago me encuentro toneladas de comentarios para moderar. Casi todos son publicidad encubierta (ahora la moda es empezar con “I love this site because…” y luego entrar en el frenesí de links publicitarios), pero tengo que revisarlo despacio porque de repente en medio de tanta basura (hiper)espacial aparecen perlas o pepitas, es decir comentarios de personas de carne y hueso que tienen algo que contar.

Hoy esa perla o pepita decía “Te invito a mi grado”. Era un comentario a un artículo publicado en septiembre de 2008, dentro de la saga “Con birrete y a lo loco”. Lo malo es que lo firmaba un tal o una tal Anónimo (el original, en inglés, no distingue géneros), lo cual no contribuía mucho a su identificación :-) . No hace falta ser un filólogo prestigioso para deducir que el comentarista procede de Latinoamérica, o al menos habla español de aquellas tierras, porque en España no solemos decir “mi grado” sino “mi graduación”, pero esa deducción aún dejaba la cosa demasiado indefinida (no puedo arrastrar mi maleta por todo el subcontinente, comprendedlo). Investigando investigando (pinchando en el link de la IPE que proporciona mi gestor web a una de las bases de datos) he descubierto que el Anónimo/a vive en Montevideo, Uruguay, y hasta ahí puedo leer (vamos, que no sé más; salvo la calle, pero no me parece correcto mencionarla).

Así que en fin, lo que me gustaría sería recibir conjeturas más o menos locas o sensatas sobre la identidad y circunstancias de este/a comentarista y por supuesto me encantaría que el propio comentarista nos contara en detalle de qué se gradúa (si es que lo hace), qué edad tiene, qué tiempo hace en Montevideo ahora y si le gusta Eduardo Galeano o es más de Benedetti.

Jue
3
Dic '09

Cómo está el marketing

Acabo de recibir un correo titulado: “Usted tonta poco?”. Luego añade “Es necesario aumentar los ingresos?” y trata de ser medio cordial con un cortés “Buenas tardes”, pero claro, a esas alturas aún sigo bajo los efectos del shock de que me llamen tonta, en la misma frase que me llaman de usted y, claro, por muy zen que me haya vuelto y por mucho que trate de no identificarme con esa capa superficial que es mi ego, lo leo todo con bastante reticencia. El correo continúa con una prosa bastante ininteligible:
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Solo esperamos de usted responsabilidad y el deseo para ganar. Y ningunos costes iniciales!

Usted mismo vera, que refina - vera!
__________
Mi no entender. Cada vez entender menos, oiga.
Y todavía habrá gente que crea que los traductores automáticos gratuitos valen para algo…

Vie
27
Nov '09

Al estilo de Eduardo Galeano

En su “Libro de los abrazos” Eduardo Galeano recoge algunos textos curiosos, tomados de la vida cotidiana, como un grafiti o un anuncio de un periódico antiguo (o quizá recreados).

A continuación un texto con el que me he tropezado recientemente y que hubiera merecido estar en el libro de Galeano.

Curso de manejo de apósitos, suturas y úlceras por Ana Roces. Para inscribirse…

Lun
16
Nov '09

PNL para principiantes

Tengo una amiga muy peculiar que ha leído mucho sobre psicología más o menos barata y que al descubrir que su madre, recién operada de una rodilla, se queja con mucha frecuencia usando una expresión muy católica, “Ay, por Dios” (”el ‘Ay’ tiene tono ascendente y el resto se pronuncia cada vez en voz más baja, como si el emisor se quedara exhausto por el camino; explica) ha decidido inyectar positivismo pidiéndole que por cada “Ay por Dios”, entone después un “Estoy súper feliz, estoy súper feliz”, una expresión muy catódica, popularizada por La Esteban.

Sostiene esta amiga que así su madre deberá aplicar un esquema positivo, ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, que es un enfoque muy usado en la Programación Neurolingüística. Y bueno, yo, que no he leído tanto ensayo psicológico más o menos barato, pero he visto algunas series de psicología bastante barata como “Miénteme”, no sé qué decir, y todo eso me suena más a persona ciclotímica o a Jose Luis Moreno que a persona tratando de animarse, pero en fin, no le quitemos la ilusión a mi amiga…

Mie
11
Nov '09

Paradojas

Despierto el blog aletargado, brevemente, por necesidad y divertimento.

Estoy sumida en la lectura de un libro de Andreas Moritz, editado por Obelisco, titulado “Los secretos eternos de la salud/ Medicina de vanguardia para el siglo XXI”, 3 edición, que insiste en lo poco eficaz que es la medicina tradicional, afirma que los antibióticos son lo peor porque desequilibran completamente el equilibrio del cuerpo y considera que la cirujía es algo así como el reconocimiento del fracaso de la medicina occidental para curar, cuando de repente suena el teléfono. Preguntan por mí, me recuerdan que mañana tengo cita con el dentista para hacerme un implante dental…

Mar
13
Oct '09

Estrategias para pasar el rato

Aparece un tipo con los ojos un poco dementes y un rollo de papel higiénico abierto sobre la mesa, e informándole a alguien de que “los rollos tienen cincuenta centímetros menos de los anunciados, midiendo hasta la parte del pegamento, que yo la parte del pegamento no la uso”. Y también hay otro en el que aparece un tío con mirada de loco tensando con mucha fuerza y mucha fijeza un tirachinas gigante hasta que de repente llega la hora en punto, el tirachinas se pone en marcha y el enorme proyectil acaba con la vida del cuco (o al menos le da el susto de su vida al pobre bichejo).

Las dos escenas anteriores forman parte de la campaña española sobre la gripe A, con un lema en plan: con la gripe A te aburres tanto que no dejas de maquinar cosas absurdas, pero no hay que llegar a tanto, mediante la prevención te lo evitas.

Faltaría una tercera escena. En ella aparecería Elsinora Bonasera con los ojos enrojecidos y un poco dementes abriendo en bata la puerta a unos señores con un aparato de gimnasia metido en una voluminosa caja. Después mostraría a los señores montando el aparato a toda prisa (ellos no están enfermos y trabajan a destajo; compre usted cosas complicadas para esto) en una habitación bien ventilada mientras Elsinora coge subrepticiamente una pieza y la boicotea y luego la limpia con alcohol (una está aburrida pero tiene su ética) y desaparece sin hacer ruido. Los señores, al rato, detectan la parte rota (es uno de los polos del mango destinados a medir las pulsaciones y el índice de grasa corporal de la bicicleta elíptica/ecléctica) y deciden recoger y marcharse con el producto defectuoso.

Elsinora ya tiene entretenimiento para los siguientes días, deshojar una margarita virtual preguntándose: ¿cuánto tardarán en llamar los de los grandes almacenes?, ¿cuándo me traerán el nuevo aparato? ¿vendrán los mismos a instalarla?

Así que en fin, aquí estoy, presa de algo que se parece a la gripe A, con un superávit de horas de sueño impresionante y un cierto nivel de aburrimiento ideando chorradas entre episodios de fiebre y estornudos y dolor de cabeza permanente. Pero tranquilos, que la parte del boicoteo de piezas es pura ficción. De momento el masoquismo no se encuentra entre mis síntomas. Pero eso sí, los de la tienda de deportes no han dado señales de vida desde el miércoles… luego me vendrán con que están todos malos con gripe A y que nadie puede traerme la elíptica, pero mira si estaban sanos en el momento de cobrármela, ¿eh? :-)

Mie
7
Oct '09

Eclécticos

Llamadme rara si quereis, pero me encuentro de un humor curioso, tirando a optimista, por cosas tan raras como la noticia de que Berlusconi ha perdido la inmunidad y la de que Amazon lanzará por fin el Kindle (un dispositivo para leer libros electrónicos) en España en un par de semanas. Hay cuestiones del escenario político y económico español e internacional que me inquietan y que hasta me sacan de quicio, pero en fin, imagino que serán muy parecidas a las vuestras y que de poco sirve poner el dedo en la llaga.

También podéis llamarme ecléctica, como bautizó una amiga a una bicleta elíptica que tuve la ocurrencia de comprar para incrementar mi trabajo de cardio ahora que vamos hacia el mal tiempo. La gracia del cacharro elíptico/ecléctico es que carece de sillín y tiene a cambio unas barras abatibles que permiten trabajar también el tren superior (brazos, hombros etc) y aumentar la intensidad del ejercicio y mejorar la coordinación. Y claro, yo, como el mundo necesito mejorar la coordinación. Así que andaba muy ilusionada esperando que llegara mi I Trainer de Reebok y recibí con alegría las llamadas que primero me advertían de un retraso y luego me comentaban que todo llegaría según el plan inicial. Quizás aquello que parecía algo contradictorio debería haberme puesto sobre la pista, pero suponía que tratándose de una bici ecléctica había que estar preparado para aceptar cierto grado de contradicciones, más o menos superficiales.

Pero hete aquí que el guionista tenía otra idea para este cuento… El texto que él propuso es el siguiente.

Érase una vez una bicicleta ecléctica que era tan ecléctica que hasta incluía una pieza importante rota, así que érase una vez que llegaron los operarios, subieron la caja, la abrieron, sacaron las partes con ruido de rasguidos, la empezaron a montar y hete aquí que descubrieron su eclecticismo rompedor (nunca mejor dicho). Volvieron a meterlo todo dentro y desaparecieron por donde habían venido y la perpleja clienta se quedó mirando al vacío que aún quedaba en el rincón en el que estaba previsto que fuera la bici ecléctica pensando que todo había sido un sueño y que nadie le había llamado para decirle que le enviarían justo ese día su bici y que tampoco nadie llamó al telefonillo ni tampoco subió a su casa. Un pedacito blanco de corcho y un vago resto de sudor masculino en el ambiente le hicieron darse cuenta de que no lo había soñado. El cargo en la cuenta corriente también lo indicaba así, pero en fin, en todo caso el ecleticismo se hacía esperar. Ella siempre había sido una clásica, al parecer…

Lun
28
Sep '09

Con ustedes Jaime Lates, la reina del drama

Tras una semana dándole vueltas a la surrealista escena, acabo de descubrir lo que le pasa a mi atribulado profesor de Pilates. El tipo es un personaje de una película de Almodóvar, un personaje femenino posiblemente, pero él no lo sabe. Va por la vida pensando que realmente el mundo chiíta sección panaderas tiene algo contra él. Y si no decidme cómo se explica que el martes pasado entrara en clase cuando ya estábamos cuatro alumnos esperándole, estirando contra el espejo como nos tiene dicho que hagamos, y ni siquiera saludara. Yo aventuré un saludo al ver que nadie lo hacía y me contestó en voz baja. A los dos segundos, sin darnos tiempo a levantarnos del suelo ya estaba en marcha y decía, “de pie, dejar caer la cabeza despacio y después vértebra a vértebra hasta abajo” y en seguida, “erguidos, la columna bien estirada, girad la cabeza a la derecha; Mili, ¿tú fuiste una de las que subieron a protestar ayer después de la clase?”.

Aquella voz airada con el timbre de nuestro profesor salía de su boca a veces a la izquierda y a veces a la derecha y yo –todos, supongo- no entendía nada. Mili le contestó, sin dejar de mover la cabeza a izquierda y derecha, que sí había subido a protestar, porque la coordinación… “Pues que sea la última vez que lo hacéis; cualquier problema me lo decís a mí”. La bronca prosiguió un buen rato, mientras estirábamos aquí y allá y movilizábamos esto y aquello y bueno al profe se ve que se le movilizó bastante la bilis y hasta la atrabilis porque de su boca salían recriminaciones incesantes que hacían pensar en una lenta combustión interna contra la tal Mili, pero estas recriminaciones se alternaban como lo más normal con las indicaciones al resto de la clase: subid la pierna derecha, derecha, derecha, respirad, “y desde luego Mili es que no hay derecho a que me venga a mí una panadera, a mí, que tengo 5 años de carrera y 2 de máster” –aquí la idea de tamaña afrenta casi le hizo perder el ritmo- “que me venga ¡a mí! a decirme cómo tengo que dar una clase. Hasta ahí podíamos llegar”.

El resto de alumnos empezábamos a entender que se había producido un incidente a raíz de una clase de aquagym del día anterior en la que nuestro profe de Pilates hacía de sustituto de la profe titular y cuyo enfoque no gustó a las alumnas titulares, especialmente a una panadera (profesión real, mote, o referencia metafórica, quién sabe; el tipo lo decía como si fuera un insulto) y a nuestra Mili, que es muy maja pero pelín sargenta, de ahí lo de Mili, de militara, y con frecuencia se pasa de asertiva y las dos actuaron en consecuencia y también entendimos que en el mundo de grandes dramas de ayer y de hoy con él de protagonista en el que vive nuestro Jaimito-Lates cuando una panadera y una tal Mili osan disentir de tu enfoque pedagógico y protestan a la coordinadora, a uno no le queda más remedio que montar el número en la primera ocasión en que coincida con alguno de los implicados, por más que sea en una clase de otra disciplina y delante de gente que no tiene nada que ver y que paga por hacer Pilates y no por presenciar escenas de Almodóvar (que en la pantalla divierten, pero en la vida real estresan bastante) y sobre todo por más que con esa ira reconcentrada que se nos gasta nuestro profe drama-queen vaya a ser imposible ningún entendimiento, pero eso sí, “respirad profundo y estirad más la pierna”.

Terminada la clase, la tal Mili nos contó lo ocurrido. Al parecer los sustitutos no se comunican entre sí y las alumnas titulares llevan varios días seguidos trabajando con aletas y pesas de la misma manera. A la panadera (que es panadera de profesión) le pareció excesivo y dijo que no lo hacía. A partir de ahí, nuestra Drama-queen Jaime Lates sacó la mala leche que ni la meditación ni el yoga ni las sesiones de abdominales le quitan y sus borderías habituales y aquellos alumnos, no acostumbrados a oírle como quien oye llover como hacemos nosotros cuando se pone así, tuvieron una clase técnicamente irreprochable de aquagym con aletas y pesas, pero cargadita de reproches verbales por parte del profesor y de malos modos.

Terminada la clase, a la panadera y a Mili les faltó el tiempo para ducharse y vestirse e ir a protestar a la coordinadora por la falta de coordinación entre los sustitutos etc etc.

Y bueno, el jueves siguiente, Mili nos prometió que no iba a abrir la boca hasta que Jaimito no le pidiese perdón (pero hasta que llegó no paró de hablar y de repetir que no iba a abrir la boca…), y nuestra drama-queen particular vino hablando con medio hilo de voz porque estaba afónico, quizá porque siguió despotricando todo el tiempo, y con cara de ofendido empezó a mandarnos estirar, “dejad caer la cabeza y luego vértebra a vértebra” y en fin, al menos al llegar a la parte de “girad la cabeza a la izquierda y luego a la derecha” no hubo gritos sino sólo una tensión soterrada que sabemos que no va contra nosotros (sí contra Mili y todas las panaderas más o menos chiítas del mundo) pero que en fin, convierte la clase en algo que no debería ser y demuestra que este chaval de treinta y dos años tiene algún tipo de trauma que le impide ver las situaciones desde el punto de vista de los demás, tener un cierto autocontrol o ser mínimamente educado. (O que tiene la edad emocional de un niño de tres años, que es lo que debe pensar la panadera; de ahí lo de Jaimito).

Esperemos que sus dos horas de meditación del sábado, con sus ritos de abrazos y amor compasivo etc le devuelvan un poco al mundo de los adultos racionales, porque si no sé de una “traductora freelander” con cara de pantalla que también se va a ver inclinada a comunicar su idea de cómo debe ser una clase de Pilates a la coordinadora del centro deportivo y en fin, espero que Jaimito Lates no tenga nada que decir sobre mi currículum académico ni sobre mis (peregrinos) trabajos o que al menos lo que diga tenga gracia (”habrase visto… una traductora freelander… decirme a mí lo que tengo que hacer…”; pues sí, hombre, una traductora “freelander” tiene mucho que decirte, por ejemplo: “gire a la derecha, turn right”; festival del humor :-) ).

Qué poco le aprovechan a este chico sus lecturas de textos espirituales y sus clases de yoga y meditación, ¡pues no fue esta misma hidra con chándal quien nos recomendó el libro El poder del ahora y nos enseñó a relajarnos.

Qué dura debe ser la vida de los personajes de Almodóvar en el mundo real, sufriendo tanto en situaciones cotidianas y creando -a su pesar- escenas tan cómicas en las que demonizan a panaderas malvadas.

Vie
25
Sep '09

Paradojas catódicas

Ayer vi en la CNN una entrevista de Larry King a Michael Moore a cuenta de su última película documental, “Capitalism: A Love Story”, recién estrenada en Estados Unidos y presentada tanto en Cannes como en Venecia. Argumentaba muy animado el obeso director, trajeado, bajo su gorra y sus gafas, que el capitalismo es un sistema corrupto y fracasado, que la economía norteamericana es delirante y cosas semejantes. La entrevista tiene su miga; aquí puedes leer un extracto en inglés y ver la foto de los personajes.

Por su parte, King, la espalda escuálida y la mirada de pájaro de presa domesticado, quería hacerle matizar, enjaular sus frases en acusaciones convertibles en titulares pero sin renunciar totalmente a su fama de ave perspicaz y valerosa que va por libre (Moore: “el 1% de la población posee lo mismo que la suma del 95%”; King: “¿pero acaso no formas parte tú de ese 1%? Elsinora: pues tampoco creo que King sea mileurista…).
Pero en fin, justo después de que Moore le obsequiara con su titular: “El capitalismo es un sistema fallido” y declarara que el “credit crunch” fue una consecuencia lógica del casino virtual e invisible que Wall Street había montado con el dinero de la gente, King dio paso a la publicidad. Unas siluetas esféricas y hermosas recorrían una especie de ríos o autopistas y de repente aparecían rótulos con palabras como “avanzar”, “mejorar” y cosas semejantes. Cuando el despliegue de grafismo terminó, nos enteramos de que el anuncio correspondía a ARTOC, empresa que dice ocuparse del “arte de la inversión”.

En fin, Pilarín.

Aquí un encontronazo de Michael Moore con otro famoso periodista de la CNN a cuenta de la película Sicko y de la cobertura de la cadena de la guerra de Irak.

Aquí la versión de lo ocurrido dada por una televisión venezolana:
y aquí otra paradoja sobre el contenido de la última película de Moore y la muy poco anticapitalista forma de promocionarla en Europa.

Y finalmente, aquí un artículo de un colaborador de la CNN y periodista habitual de Time que critica duramente al director de cine.

También he encontrado una curiosa entrevista que Michael Moore hizo un poco en plan becario a Tarantino y Samuel L. Jackson en la trastienda de los premios Independent Spirit hace unos años.


Mie
23
Sep '09

Demasiada diversión

Ya sé que llevo un cierto tiempo amagando con el cierre del blog y que a lo mejor algunos de vosotros no vais a terminar de creéroslo, pero esta vez mi propósito es firme. Creo que “Mi no entender” ha cumplido su función, o que ha cerrado su ciclo, si se prefiere y que es hora de remangarse y lanzarse a misiones más profundas y complicadas (y probablemente más ingratas a corto plazo).

Yo me lo paso muy bien posteando aquí, pero es cierto que como me comentaba un amigo el otro día, hacerlo se ha convertido en una diversión, tanto en el sentido español como en el inglés: y en inglés “diversion” significa desvío. Paso demasiadas horas frente al ordenador por razones de curro y preparando material para el blog para poder escribir ficción regularmente; y evidentemente no me puedo permitir dejar atrás el curro, así que la elección es clara.

Si pasado un tiempo me pica el gusanillo bloguero y me decido por un blog fotográfico o por otro proyecto, os mantendré informados de dónde lo hago para que podáis pasaros por allí. En principio, todos los artículos del blog quedarán disponibles para su lectura sin límite de fecha.

De momento, y hasta final de septiembre seguiré posteando algunos artículos que tengo en la recámara. El último día será el 30 de septiembre.

Dom
20
Sep '09

Los demasiados libros o cuidado con lo que deseas

Al pasar junto a un kiosco de prensa del metro mis ojos de ratoncillo libroadicto interesado (últimamente) por el fitness detectaron la palabra Pilates en la portada de un libro. Me acerqué para ver de qué se trataba y descubrí que era un pack de dos libros por 1,95 euros. Uno era de Pilates y lo firmaba Mari Wilson (una tipa muy conocida en el mundillo) y el otro, de Yoga, concretamente “El gran libro de yoga” lo firmaba Ramiro Calle (una autoridad en su campo). Interesante y baratísimo.

Así que ni corta ni perezosa le pregunté a la kiosquera si el precio era el marcado, pensando que podía ser un error o que quizá tuviera que comprarme también alguna revista. Me miró muy sorprendida y dijo: “No sabía que tuviera esos libros… Pero sí, el precio será el marcado”. Intervino entonces una señora, clienta habitual a juzgar por su forma de comportarse: “Yo tampoco sabía que tuvieras estos libros. ¿De dónde han salido?”.

“Pues fíjate que ni yo misma me los he cogido para mí”, contestó la dependienta, con cierta nota de lamento.
“Quizá haya más debajo de esta pila de libros” dije, pero la dependienta anduvo revolviendo en la caja y sólo aparecieron libros de vainica doble y de los uniformes de las guerras prusianas.

Me sentí un poco culpable de haber encontrado aquel tesoro que ambas mujeres tenían delante de sus narices sin saberlo (¡y por menos de 2 euros!) porque en realidad a mí sólo me interesaba el de Pilates. Libros de yoga ya tengo un par y ni siquiera me los he leído completos, pero al fin y al cabo Ramiro Calle es una autoridad en la materia y tal y Pascual. Y además yo no tengo la culpa de tener buena vista (ya sabemos que mi oído últimamente no ha estado muy fino, sino más bien orondo y esférico). Le dije a mi Pepito Grillo particular que yo lo había visto primero y extendí mi billete de 5 euros desafiante como si fuera la hoja de un cuchillo, intentando aprovechar el factor sorpresa como los buenos estrategas, temiendo que de no hacerlo la dueña decidiera interceptar el lote de libros para ella misma o para su clienta habitual.

El truco del billete funcionó: la dependienta me devolvió la vuelta y me marché de allí sintiéndome poco generosa y nada zen (la clienta había dicho que el yoga le vendría bien, que estaba bastante estresada; podía haberle regalado el libro de Ramiro Calle… Por otra parte no conozco a muchas personas estresadas que se dediquen a charlar tranquilamente con los brazos en jarras con sus kiosqueras, sin comprar nada y con el rostro relajado, un viernes en horario laboral), pero con mis libros bajo el brazo.

Una vez llegué al curro con mis tesoros pensé que acarrear los dos libros a casa sería mucho peso y que mejor los separaba y cogía uno. ¿Pero cuál? Al quitar el plástico que los envolvía y en el que venía la etiqueta con el precio vi un catálogo de la revista Mente Cuerpo, que es quien edita estos libros. Aparecía una serie de títulos sobre temas tipo masaje, reflexoterapia, y cosas así de próxima publicación y el formato era muy parecido al de mis libros, por lo que era probable que pertenecieran a esa colección. Y según aquella publicidad cada libro de nueva publicación se iba a vender a 5,95 €.

Definitivamente todo era muy raro. ¿Serían mis libros saldos no vendidos en su momento y de ahí el buen precio? Comprobé que la fecha de la etiqueta con el código de barras y demás era actual. No entendía nada, pero en fin, tampoco soy la inspectora de precios del universo, así que me puse a decidir qué libro cogía. Ojeé el índice del volumen de Pilates, y el contenido me pareció bien estructurado, pero muy parecido al de otros libros que ya he leído. La mayor parte del libro de Ramiro Calle lo ocupaban los dibujitos de las posturas y en esta fase de mi vida no me apetece ponerme cabeza abajo (y menos con los oídos aún regularcillos), sino en todo caso conocer la filosofía en la que se basa el yoga y hacer algunos ejercicios de respiración y de eso el libro traía poco.

Así que, en realidad, ninguno de los dos libros me resultaba tan necesario como para volver a casa tan cargada… Podía muy bien esperar al lunes para tener conmigo cualquiera de los libros. Y de hecho, me dije, podía muy bien esperar eternamente sin ningún problema o incluso no leer nunca ninguno de los dos.

Cómo somos los humanos… especialmente los libroadictos. Eso sí, apuesto lo que queráis a que si le llevara el libro del yoga a la kioskera para que se lo dé a la clienta habitual, ésta tardaría cinco minutos en darse cuenta de que ese libro es muy complicado, con sus filosofías raras y sus nombres ilegibles y que para su estrés mejor se toma una tila o pide cita para un masaje.

Sab
19
Sep '09

Se ha escrito un crimen… (o quizás no)

Volvía a casa por la noche caminando sola sobre la acera mojada por la lluvia cuando empecé a oír ruidos detrás de mí y a un lado. El sonido de un roce, algo que caía al suelo, un susurro más o menos lejano. Me giré, inquieta, pero no había nadie.

Al rato la situación se repitió: ruidos extraños a mis espaldas y luego nadie a la vista. Apreté el paso porque la falta de lógica de la situación me ponía nerviosa. Iba pensando que dado que no soy ningún personaje de serie de televisión norteamericana perseguida por unos malvados con tecnología muy sofisticada e invisible (¿quién perseguiría a una simple traductora freelander? ¿qué podrían querer de mí, las contraseñas de los diccionarios on line a los que estoy suscrita? ¿mis mapas conceptuales de verbos de movimiento en inglés?), la única explicación era que estaba paranoica.

Cuando llegué al portal de casa, amplio, vacío y a oscuras descubrí algo. No oía nada. Ni el retumbar ni palpitar. Ni rastro de radios albanesas ni nada. Y entonces se hizo la luz en mi cerebro y en el portal.

Tras una semana con el oído izquierdo tapado me había acostumbrado a no percibir cierto rango de sonidos y al despejarse me descubrí de repente rodeada de pequeños ruidos y crujidos que hacía tiempo que no oía y que por eso mismo me parecían amenazantes, porque mi mente había dejado de registrarlos como normales.

Ni persecución encubierta en la noche, ni paranoia… ¡simplemente un oído que vuelve a la vida!

Mie
16
Sep '09

Hablemos

Siempre me ha dado mucha curiosidad la cita que encabeza el diario español “El Mundo”. Como sabeis muchos de vosotros, cada día hay una nueva frase presidiendo la portada de la edición en papel del periódico. La del diario de hoy por ejemplo, dice: “Nuestra conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón” (Charles Wilson).

Muchas son proverbios de pensadores clásicos y son lo bastante abiertas para tener una aplicación general y otra coyuntural, válida para algún hecho de la actualidad. Siempre me he preguntado quién las elige, con cuánta antelación y qué pautas le da Pedro J. para que lo haga.

(Y también, rebelde y fabuladora como soy, he imaginado revueltas imaginarias del pobre currito contra su jefe y veladas alusiones a sus debilidades por medio de las frases; posibles dobles lecturas que dispararan justo contra quien pensaba estar apretando el gatillo. Hasta ahora no he tenido oportunidad de analizar pormenorizadamente las frases y detectar algún indicio de lo que sospecho posible, pero no descarto investigarlo en el futuro :-) .

Así que hoy voy a hacer algo parecido, pero a mi manera.

Ahí va la frase:

Me gustas cuando hablas porque estás como presente

Elsinora Bonasera, jugando con un famoso verso de Pablo Neruda

¿Alguien tiene alguna teoría sobre el significado de esta frase?… Estoy deseando leerlas.
También cabe conjeturar sobre el significado de la cita de Charles Wilson sobre la sinceridad del corazón.

¿Va, como parece a primera vista, contra Zapatero y su política económica, o contra Zapatero y la postura de su partido respecto al transfuguismo en Benidorm o contra el PSOE y cualquier cosa imaginable o tiene un objetivo diferente?

Mar
15
Sep '09

Expendiente X

Esta mañana he ido muy puntualmente a mi cita con la enfermera para que me extrajeran la extraña central de emisiones de mi oído izquierdo (que emite desde muy lejos y en un idioma que no se entiende; desde Albania o así) camuflada en una bola de cerumen de tamaño considerable que tapaba el tímpano.

Después de hacerme esperar bastante y de pedir a otros pacientes que esperaran un poco, “que voy a quitarle algo a esta señora” refiriéndose a mí (pedazo de choriza y persona desagradable que me llama señora así sin provocación ni anestesia, a mí que soy una chiquilina perfectamente conservada :-) , la enfermera me ha dicho que no veía nada en ese oído. ¿Que no hay nada?, pero si la médico dijo que era muy grande y además yo apenas oigo por ese lado y por la noche oigo mis propios latidos como si fueran campanas (porque sí, esas campanadas nocturnas son el retumbar del pulso en el interior de las orejas, según mis últimas pesquisas; aunque lo de las campanas tenía más gracia, reconoceréis conmigo).

Ni la enfermera ni yo entender rien de rien.

Se ve que la bola de chocolate blanco que se me había formado se ha derretido “overnight” que dirían los ingleses, por efecto de las gotas mágicas de agua oxigenada al 50%. Aunque también es posible que estemos viviendo un verdadero expediente X con chips ocultos que se autodestruyen y disuelven sus carcasas esféricas de camuflaje.

Después de mucho mirar con el otoscopio finalmente me ha echado unos buenos chorretones de un líquido frío y ha dicho que sólo veía una bola muy pequeñita pegada al tímpano y que no se atrevía a sacarla por miedo a irritar el tímpano. Después ha tratado de hablar con mi médico sin resultado, ha llamado a un compañero para confirmar su diagnóstico, el compañero lo ha confirmado y finalmente me ha dicho que pida cita con ella (la enfermera) para dentro de una semana y que hasta entonces siga echándome las gotas mágicas cada ocho horas y no sólo en el oído izquierdo sino también en el derecho, porque según ella la bola del orificio derecho era más grande que la otra (justo al revés que ayer; ¡mi no entender nada!).

He asentido, porque el tímpano es muy delicado, pero la cara de idiota se me ha quedado lo mismo. ¿Conseguirá nuestra amiguita librarse de esta sensación retumbante alguna vez? ¿Cesarán las campanadas nocturnas? ¿Podré volver a hacer Pilates sin riesgo de parecer y actuar como una beoda?

Lun
14
Sep '09

Conspiraciones y microchips

Esta mañana he ido al ambulatorio para ver si me podían sacar esta emisora de radio albanesa que tengo incrustada en el oído izquierdo desde el miércoles pasado. La emisora ésta emite por libre y en un idioma que no entiendo, y por si fuera poco, por la noche transmite misas de gallo o así, porque oigo como campanadas, muchas campanadas, como si siempre fueran las 12 de la noche; a lo mejor la emisora es de Transilvania, o algo.

Así que aquí estoy, sentada sobre un asiento morado, en medio de la sala de espera empapelada de carteles sobre la gripe A, recordando una novela policiaca que he leído durante el finde y que habla de misterios y cosas ocultas en comunidades pequeñas. En un contexto tal de lecturas policiacas, espera larga entre extraños de aire reconcentrado y al mismo tiempo ausente y poca luz, ha sido casi inevitable mirar con cierta curiosidad a los otros pacientes que esperan junto a mí y decirme a mí misma que un ambulatorio de barrio, si uno lo analiza con detenimiento, es un lugar en el que coincide un buen puñado de gente sospechosa.

Será que cualquiera sacado de su hábitat normal, y mezclado con cuarto y mitad de preocupación y enfermedad deja aflorar rápidamente su lado más siniestro (o simplemente ve cosas siniestras donde sólo hay tedio y ganas de salir corriendo), pero la cosa es que la densidad de personas extrañas por metro cuadrado me ha parecido bastante alta. Aunque debo decir, peligrosas peligrosas había pocas; la mayor parte encajaban más bien en la categoría de “irritantes”, como una pareja de sesentones que no cesaban de discutir sobre sus saludes respectivas.

Mientras buscaba inspiración para iniciar la trama inspirada en mis compañeros de sala de espera se ha levantado una pareja, él con pantalones cortos y chancletas (aunque en Madrid hoy hacía fresquito) y ella con mascarilla verde y mirada fúnebre-extraviada. El descubrimiento repentino del par de dos me ha sumido en la convicción de mi escaso talento detectivesco, porque no había reparado en los más sospechosos de la concurrencia (al menos desde un punto de vista realista), especialmente en esta época de psicosis con la gripe A. Se ve que la emisora ésa que tengo metida en el oído izquierdo no sólo hace que oiga peor y hable más alto, sino que también interfiere con la sinapsis de mis neuronas. También es posible que me haga pensar en albano-kosovar y que con la traducción llegue tarde a todo.

Sea como fuere, la pareja ha actuado como los sospechosos más sospechosos. Diversas personas en bata los han estado mandado cortés pero fríamente de una consulta a otra, los han hecho bajar a recepción y al final mi médica les ha terminado recibiendo, pero en otra consulta, no sin antes decirme: “Elsinora, ahora estoy contigo”. Lo ha dicho, ha cerrado su consulta con llave y se ha metido con la pareja sospechosa en otra consulta (¿una con micrófonos? ¿o bien una a prueba de virus de rápida expansión?).

La señora de la mascarilla, además, a veces reaparecía sin mascarilla y con una leve cojera.
A todo esto los minutos iban pasando y me empezaba a doler la espalda de estar tanto tiempo sentada. Las sillas de plástico no son el colmo de la comodidad, por una parte, y por otra las esperas de los médicos me ponen nerviosa, así que me he puesto de pie y he buscado un rinconcito donde no estorbara para caminar un poco. He hecho algunas respiraciones profundas y luego, como no había mucho espacio para caminar, he pensado que era una buena oportunidad para practicar una técnica de meditación sobre la que acabo de leer que consiste en dar doce pasos lo más despacio posible, siendo consciente de cada movimiento y luego dar la vuelta y retroceder del mismo modo.

Y bueno, en fin, he realizado mi experimento sólo un par de veces, porque la concurrencia parecía cada vez más interesada en esa estrambótica tipa que era la única que estaba de pie y se entretenía en dar pasitos como Chiquito de la Calzada versión zen. Como aún no soy capaz de meditar entre “gentiles”, que encima son sospechosos, he tenido que parar, porque aquello, como decía el bizcochito de Ally MacBeal, me turbaba.

Al poco ha llegado mi turno (supongo que para alivio de mis compañeros de sala de espera; o quizá para su aburrimiento) y mi médica ha abierto la llave de su consulta para mí y nos hemos metido. Le he contado mi problema, sin referirme a la radio albanesa ni a las campanadas nocturnas sino con vocabulario más empírico, comprensible para una médica de familia y que no despertara sospechas sobre mi salud mental ni atrajera el interés de los posibles escuchadores de micros en ambulatorios de barrio y mi doctora ha cogido un instrumento para hurgar en mis orejas con aire de saber lo que se hacía.

La derecha le ha parecido bien (cosa normal, viviendo en Chamberí) y ha descrito a la inquilina esférica como una bola normal de cerumen pero al observar la izquierda ha dicho que había una bola de tamaño muy considerable que no dejaba ver el tímpano. Al oírlo (por el lado derecho, claro), no sé por qué me he imaginado una bola grande de chocolate blanco incrustada en medio de un valle, como si fuera una especie de meteorito blando que fuera atrayendo las pequeñas masas cercanas hacia él (léase las gotas de líquidos para deshacer tapones que he estado echándome estos días). La cosa es que las pendientes del valle son la parte interna de mi oído medio y las aproximaciones de la bola al tejido resultan bastante molestas en cuanto uno se sale de la metáfora.

Así que la doctora, ajena al drama desencadenado en mi oído medio y con aire de lo más normal me ha dado un volante para pedir cita para una extracción y me ha indicado que debo aplicarme unas gotas cada ocho horas para ir ablandando la esfera famosa. “Te darán cita para dentro de dos o tres días”, me ha dicho, pero al consultar el volante, el tipo de la ventanilla me ha dado fecha para el día siguiente.

¿A qué vienen esas prisas si todo es tan normal? Yo creo que la doctora ha apuntado algo sobre la emisora y las campanadas y que en realidad la cita es para desactivar el microchip extraño que me ha metido por error alguna persona del ambulatorio que me viene siguiendo desde hace días, pero que no consigo identificar. A lo mejor son los viejos esos que discutían… una buena tapadera esa de ir de matrimonio cansino y discutidor, ¿no te parece? Es la típica escena que uno intenta olvidar… Y bueno como todo empezó en la piscina, quizá debería buscar allí. Además recuerdo que una compañera de clase, que andará por los setenta tacos precisamente y que había faltado a clase los días anteriores , me comentó que ese día encontraba el agua muy turbia… y me preguntó si no estaba de acuerdo. Seguramente era una señal, pero como yo aún no estaba metida de lleno en las novelas policiacas y demás no lo pillé y me limité a contestar que más o menos como siempre.

Jue
10
Sep '09

Cerrazón y vasos comunicantes

La derecha y la izquierda llevaban un tiempo dándome la lata. Así que se me ocurrió recurrir a la tecnología para aliviar ese malestar crónico que sentía a ambos flancos políticos, a la altura de los oídos. Y me tiré a la piscina aferrada a aquel artilugio tan puntero de fabricación francesa.

Al principio iba bien, me movía como pez en el agua y tenía la sensación de flotar sobre las circunstancias y de avanzar con poco esfuerzo. Pero al terminar aquello empecé a notar que la derecha no iba bien en absoluto, que algo se había colado en ella y me dije, es lógico, a la derecha no le gustan las innovaciones.

Según avanzaba el día la molestia se agudizaba, así que empecé a probar distintos subterfugios que el instinto aconsejaba pero las recomendaciones de los expertos desaconsejaban. Al final, de tanto hurgar en la herida derecha, tuve un breve lapso de alivio en la derecha, que desapareció al querer intervenir por el mismo procedimiento en la molestia sorda que había empezado a sentir en la izquierda. Parecía que ambos lados fueran en realidad vasos comunicantes o algo parecido. Así que la manipulación de aquello me dejó con un zumbido simétrico y simétricamente descentrada.

Y así sigo, medio sorda, oyendo lo que pasa a mi alrededor como si viniera de muy lejos y con un peso considerable en cada oreja/oído, como si alguien me hubiera puesto unos pendientes de plomo. Creo que lo mejor que puedo hacer por el momento es sumarme al No sabe/no contesta y tratar de hablar y oir poco hasta las vías de comunicación se despejen… porque en fin, es tan molesto apenas oír lo que te dicen y oír cómo retumba tu propia voz.

Mar
8
Sep '09

Andamios, filtros y paradojas

Tengo tres imágenes en la retina. La primera es de un andamio ascendiendo por la fachada de mi casa, los tubos metálicos y el entramado de tablas trepando desde el suelo hasta el último piso y demorándose en el mío. La segunda es del antivirus de mi ordenador bloqueado, y diréis eso cómo se visualiza, pues muy fácil -qué haríamos sin la sinestesia- mediante una imagen sonora: un sonido como el que ponen en los concursos de la tele cuando el concursante falla o el sonido de derrota en los videojuegos; el sonido despierta una serie de ecos de pantallas que se bloquean, programas que se cierran en banda y procesadores que van a dos por hora.

Y por fin la tercera imagen es la del primer día de clase de Pilates, otra alumna y yo solas para una clase de 15 personas, mirando perplejas el reloj de la pared que siempre marcaba las 3 menos cuarto por más que ya eran las 3 y cinco y allí que no aparecía ni profesor ni compañeros, ni monitor sustituto. Al rato irrumpe en la sala el profesor contando que la moto se le había quedado sin batería después de todo el verano sin usarla y que ha tenido que venir en coche, pero que en coche tarda mucho más y que además él pensaba que no empezábamos hasta mediados de septiembre (me digo: este hombre cada vez parece más una mujer… menuda locuacidad). Y en cuanto deja de protestar por los elementos que se le han vuelto en contra y se tumba frente al espejo para empezar la clase, abre las piernas, se oye un rasguido y comenta que el pantalón corto se le acaba de romper (la imagen es de algo vagamente de color claro por debajo del pantalón oscuro; cuatro imágenes en total, pues).

Antes de las imágenes tuve una sensación, una cierta tensión absurda ante la perspectiva de volver a Pilates después de dos meses de vacaciones y una cierta tensión por la claustrofobia de tener la fachada de casa cubierta de andamios y unos tipos mirándome al otro lado del cristal del balcón y la casa cerrada a cal y canto en medio del calor por lo que pueda pasar y una cierta tensión porque el miniportátil se enciende cuando quiere y cuando no no da señales de vida y el PC normal a veces va realmente a pedales y así no hay quién se libre del carapantallismo-sentada-en-la-mesa-de-trabajo, con lo malo que esto es para la espalda.

Pero en fin, el profe parlanchín del pantalón roto sale al paso con cierta gracia, usamos mi reloj como referencia para evitar meternos en un no lugar-no tiempo de clase de Pilates eterna y aunque resulta evidente que debo trabajar mis abdominales, en los estiramientos me doy cuenta de que el verano no me ha anquilosado apenas y me digo que en este mundo lleno de goteras y andamios y filtros que no funcionan como deben la flexibilidad es lo único que nos queda y que en lugar de renovar aquel antivirus tan heurístico lleno de tuercas, y que tantos problemas me dio, voy a comprar uno nuevo, más humano, con un dibujo de un simpático oso de piel blanca y negra o de unas cuantas estructuras celulares de esas con una cierta geometría y una enorme capacidad de crecer y adaptarse.

Y bueno, puede que suene extraño, pero cuando termino de desinstalar el antivirus antiguo (el de las tuercas) e instalo completamente el Panda 2010 tengo la sensación de que el osito blanco y negro me guiña el ojo desde su icono en el Escritorio. El reloj del ordenador marca las 3 menos cuarto. Quizá sea por eso.

Vie
4
Sep '09

Un mar de fueguitos

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

Fragmento titulado El mundo de “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano. Siglo XXI Editores en coedición con Ediciones del Chanchito. 2009, Madrid/México D.F./Buenos Aires/Montevideo. Edición ilustrada por el propio autor.

Jue
3
Sep '09

Majestades internáuticas y vuelta al cole

Tengo en preparación un post sobre fotografía y Berlín, pero como mi conexión ha decidido castigarme no voy a poder subirlo hasta que la cosa sea más fluida, so pena de hacerme vieja subiendo las fotos a pedales. Tengo también a medias otro post gráfico, que también deberá esperar hasta que su majestad Orange Banda Megaancha Divina de la Muerte tenga a bien darse por enterada de que las vacaciones se han terminado y que hay que currar.

Así que me limitaré a anotar brevemente que como casi todos vosotros estoy de vuelta al cole casi total y que hoy me reincorporo a mi Pilates, con ese profesor tan peculiar que va soltando impertinencias a camareras con deficiencias cognitivas y luego dedica una parte de la clase a meditación y reparto de abrazos y respiraciones al unísono… y bueno, así en frío pensar en Pilates tras dos meses de actividad física reducida me da un poquito de miedo escénico (léase agujetas anticipadas, pereza horrible y ganas de salir corriendo), pero iremos poco a poco y de momento me conformo con recordar bien la parada de metro en la que me tengo que bajar :-) , recuerdo que me vendrá bien para bajarme mañana tempranito cuando me toque ir medio dormida a la piscina cubierta para la rentrée de natación, sin Aurora La Sabia Peluda, supongo.

¿Seguiré sabiendo nadar pese a lo mucho que he “desaprendido” en la piscina caótica de verano? ¿Me bajarán del nivel 2 al básico por desmemoria galopante? Seguiremos informando sobre estos y otros misterios de la Humanidad.

Sab
29
Ago '09

Insectos

Tengo un amigo al que le están pasando cosas raras; incluso me atrevería a decir que inquietantes. Será por el calor, supongo. Juzgad por vosotros mismos. Día 1, le encargan un proyecto, bastante urgente, le pasan el material, le cuentan la metodología por encima y le dicen que el material que falta (incluido el calendario de entrega) se lo darán en cuanto lo puedan cerrar con fechas reales. De momento, lo que está claro es que debe hacer la primera entrega el día 5. Mientras le dice esto, la persona que se lo dice cae en la cuenta de que el día 5 lo tiene libre, así que tendrá que entregar antes, el 4, aunque la versión no sea definitiva.

Así lo hace mi amigo: entrega el día 4 una versión incompleta que permita al menos a su jefe ver qué cosas encajan y cuáles hay que cambiar para ir perfilando una metodología que sirva para sucesivas entregas (habrá unas 5, más las rondas de revisiones). No hay respuesta hasta 3 días después, y la respuesta es: lo he recibido, cuando lo miré te diré. 3 días esperando para que te digan “ya le informaremos”.

Y esto ha sido hace 3 días, me cuenta mi amigo con una cara extraña, de rasgos pequeños y reconcentrados como de insecto, con las cejas y las pestañas más negras de lo normal y con los ojos algo febriles de un escarabajo (o una cucaracha, quizá; dentro de tres días quizá nos lo confirmen o quizá acusen recibo de nuestra pregunta) y añade que lo que más teme es que a partir de ahora los plazos de contestación no sean de 3 días sino de 9, que no puede dormir pensando en que las no contestaciones con textos vacíos tipo “Estas cosas se toman su tiempo. Entiéndalo. Ya le informaremos” adoptan una progresión geométrica diabólica y en fin, es claro que ciertos insectos afloran con el calor, basta caminar de noche por las calles de las ciudades para observar en ciertos puntos a esos seres oscuros arrastrándose por el suelo, ejércitos de ellos, y es evidente que este amigo mío es un simple freelance en medio de un ejército de trabajadores freelance y de gente en paro en medio de este mes de agosto agobiante y que los textos incomprensibles siempre fueron del agrado de Joseph Kafka, pero es que además este amigo jura y perjura que el otro día recibió un correo de un remitente desconocido cuyo Asunto era “Cursos de metamorfosis” y que por tanto -concluye lleno de pavor- es evidente que nada obedece a la casualidad y que algún ser, divino, humano o responsable de marketing la ha tomado con él y que está acabado.

Yo me digo a mí misma que será el calor, mezclado con la depresión post-vacacional y que en cierta forma, mi amigo se lo ha buscado por ir de freelance por la vida. Si fuera un funcionario como el resto de nosotros sería él quien mandase los correos insípidos cada tres días y no tendría queja alguna, salvo quizá contra algún insecto molesto, empeñado en obtener su atención más a menudo de lo que le corresponde.

Vie
28
Ago '09

La frontera entre lo sublime y lo ridículo

Veo en El País la noticia de una modelo que fue arrestada por posar desnuda en la sala de armas del Met (el muy respetable Museo Metropolitan de Nueva York) para el fotógrafo Zach Hyman y al empezar a leer la noticia pienso que hay algo refrescante en la propuesta.

Al parecer, Hyman ya había fotografiado a modelos desnudos en otros espacios representativos de la Gran Manzana neoryorquina como el Metro o Times Square para su exposición titulada Decent Exposure en la que reflexionaba sobre el desnudo en el espacio público y trataba de reflejar las reacciones de los espectadores. La cosa es que fotógrafo y modelo entraron en el museo acompañados por un cámara de la cadena NBC, de forma que la escena quedó inmortalizada y se puede ver en una entrega del programa Just Enough (en inglés), pero bastante distorsionada por aquello de la prohibición de mostrar desnudos en los medios norteamericanos.


La idea del fotógrafo, que desde un punto de vista metafórico o literario resulta sugerente (la piel desnuda delante de esas armaduras medievales brillantes, protegidas bajo sus vitrinas o junto a los desnudos de las esculturas clásicas), me parece que termina quedando convertida en una provocación tonta, de niño que enseña el culo a las niñas de un colegio de monjas, pero encima hace todo un montaje para no tener problemas y para darle un barniz de experimento sociológico. Basta con ver el vídeo: fotógrafo y modelo entrando en el museo de la mano como si fueran una pareja… y luego en la Sala de Armas del museo el tipo de rodillas sacando fotos y una especie de gota borrosa gigante bajo la que se adivina el cuerpo desnudo de la modelo.

Aunque la noticia se daba en una sección llamada “Just Enough” que vendría ser algo como “¡Demasiado!” (el reportaje del tal Kent Jones está muy bien hecho, por cierto; los elementos y el orden elegidos son los idóneos; habrá que seguirle la pista al The Rachel Maddow Show de la NBC) yo creo que debería llamarse “Hardly Enough” o “Apenas suficiente” o en plan ya un poco más castizo, “La hora del quiero y no puedo”.

Por supuesto, cabe decir que esas limitaciones tienen que ver con la normativa de los medios de comunicación de un país tan puritano como los Estados Unidos, pero eso ya lo sabía Hyman, consciente de la que se montó con el “incidente” del pecho de Janet Jackson en la Superbowl de 2004.

Mie
26
Ago '09

Más pinceladas berlinesas

Sigo con mi empeño de dar cuenta de una sensación compleja (mi impresión de Berlín) mediante unas cuantas pinceladas bien elegidas.

Un buen termómetro de lo que le pasa a uno por la cabeza o por la piel en un viaje es el de los libros que se compra, así que aquí van los títulos que compré o me dieron allí:

-“Les Dessous des Cartes/Atlas Géopolitique”: Jean-Christophe Victor, Virginia Raisson y Frank Tétart. Editions Tallandier/Arte Éditions, 2006, París. 252 pag. 96 pag.18 euros.

-“J´ai vécu le mur de Berlin 1961-1989”; Philippe Demenet (colección Les Dossiers Okapi). 12,25 euros. Bayard Editions, 2007, París (impreso en España, curiosamente).

-”El muro de Berlín”. Jaron Verlag. Berlín. Traducción de Santos – Erazo. 3,95 euros.

-“Datos: El Bundestag de un vistazo” y “Perspectivas/ Panorama de Berlín desde la cúpula”, ambos folletos editados por el propio Bundestag. Textos de Marianne Wollenweber y traducción del Servicio de Idiomas del Bundestag Alemán en colaboración con Roberto Revuelta Nohl. Berlín 2006. “Datos…” consta de 52 páginas y ambos son gratuitos. Se pueden solicitar a través de esta web.

Como refleja mi lista de libros (más algunos en inglés cuyos datos anoté con idea de encargarlos por Amazon, llegado el caso) en Berlín tuve la sensación de que se me escapaban muchas cosas de su historia y del contexto político. La política es un ámbito que me da bastante pereza, pero a veces uno se encuentra en una tesitura en la que o sabe de qué va la historia o no se entera de nada. Con Berlín pasa eso.

Los títulos en francés fueron un hallazgo de la librería de las Galerías Lafayette, bastante bien surtida (el edificio de las Galeries es una pasada, por cierto). Las librerías berlinesas en general estaban bien, pero como no hablo alemán, tenía que conformarme con los títulos en inglés, que los había pero tampoco eran demasiado amplios, o bien con los libros de arte llenos de ilustraciones… Por otra parte, quise aprovechar la oportunidad para forzarme a ponerme las pilas con el francés, que tengo muy abandonado.

Como contrapunto a este post tan cultureta viene genial la descripción de la cara de mis compañeros de trabajo, mucho más prosaicos que yo, cuando el día de la reincorporación (ayer mismo), después de comentar en qué playa habían estado ellos y el mucho calor que habían pasado, y al ver que yo no soltaba prenda, me preguntaron directamente “¿dónde has estado tú?”, con mucha inquietud, como si este dato les resultara imprescindible para su paz mental. “En Berlín” contesté alegremente, sin saber el silencio que se iba a hacer después de ese comentario. Se quedaron completamente mudos, como si hubiera nombrado una realidad equidistante entre lo cotidiano y lo marciano y que por tanto no se pudiera considerar ni exótico (“tiene que ser un sitio muy curioso”) ni tampoco familiar/agradable/práctico (“lo bien que se come en los pueblos”, “lo bonitos que son algunos rincones de España”; “no conocemos nuestro propio país, con lo cerca que lo tenemos”).

Me ha pasado también con más gente: al principio no entienden qué interés puede tener un lugar como Berlín, luego les hablas de museos y lo aceptan a medias, y luego les hablas de historia y ya directamente te ponen la etiqueta de cultureta intelectualoide, como si la historia de la Segunda Guerra Mundial y de Guerra Fría no siguiera configurando el presente de nuestro entorno europeo u occidental.

Y en seguida sacan la comparación con otras capitales europeas, más monumentales y más bonitas, como si visitar Berlín fuera un pecado existiendo ciudades como París o Roma, en las que tú has estado varias veces, pero en las que con mucha probabilidad esos que cantan sus excelencias ¡no han estado! (pero tienen tantas, tantas ganas de ir que acaban yendo a la playa todos los veranos) o estuvieron hace muchos años. Qué fácil es hablar de oídas y qué poco abunda la gente simplemente curiosa y simplemente receptiva. ¿O acaso que te interese observar y aprender te convierte automáticamente en un bicho raro, tipo rata de biblioteca?

En fin, Pilarín, me vine de Berlín pensando en lo desconocida que nos es Alemania a los españoles en general (¿cuántos autores contemporáneos conoces? ¿cuántas ciudades puedes nombrar? ¿conoces sus instituciones políticas?; es evidente que el referente cultural de los europeos es el anglosajón, por más que Alemania sea el motor económico de la UE y por más que tenga muchas cosas admirables) y las reacciones que voy cosechando me confirman esta idea. Aunque por otro lado la mayor parte de mis amigos consideran Berlín un lugar muy interesante y un destino muy apetecible (sobre todo en verano), pero claro, ellos también son culturetas intelectualoides :-) . Y en fin, si hubiera salido la opción semana de chi kung en la Vera extremeña, las caras de perplejidad hubieran sido aún más rotundas, aunque yo ya estaba preparada para explicar que a mí esas cosas me relajan mucho, que la zona es una preciosidad y que viene bien desconectar… qué sería de la comunicación entre humanos sin los socorridos tópicos…

Lun
24
Ago '09

Vacancia abierta

A continuación reproduzco un mail que he recibido y que intuyo que incluye una oferta de trabajo… No corrijo los errores ortográficos para mayor fidelidad al original. Intercalo mis comentarios entre paréntesis y en cursiva.

Soy manager de seleccion de cuadros de una compania internacional grande (¿qué selecciona, lienzos?; ¿para qué?). Nuestra compania se desarolla en diferentes sentidos, (en algunos sentidos se desarrolla y en otros mengua; o bien, se desarrolla a lo ancho, pero no a lo alto, como nos ocurre a casi todos a partir de cierta edad…) incluyendo:

- Inmuebles
- Creacion y liquidacion de las companias ( tambien en el extranjero)
- Apertura y acompanamiento de las cuentas bancarias
- Logistica
- Servicios de negocio privado.

bla bla bla

En estos momentos estamos formando un equipo de los manageres en Espana.
El salario es de 2,400 euros mas primas.
Ocupacion parcial
Horario de trabajo flexible

Esto hay que reconocer que no está mal.

* Seria deseable se indicara el telefono, porque en este caso nuestro manager podria comunicarse con Ud. por telefono para efectuar una entrevista.

++++++++
Hombre, yo casi que no les indico el teléfono, porque si me llama alguien y me empieza a hablar de repente de vacancias abiertas y gente que se dedica a la selección de cuadros me puedo quedar bastante perpleja. De hecho seguro que habla como los robots telefónicos: cada número tiene una inflexión distinta y cada palabra también. (Léase con voz de grabación: Vacancia abierta (que suena como a que tienes un ataque de vagancia en plena supuración). Soy manager de selección de cuadros… (¡¿ein?!). Si le interesa conocer en qué sentidos se desarrolla nuestra empresa pulse 1 (no estoy yo para pensamientos tan filosóficos sobre empresas que no conozco; qué es desarrollarse; ¿importa más la calidad que la cantidad?) si quiere formar parte de un equipo de los manageres en España con un salario de 2400 euros más primas, en ocupación parcial (qué significa eso ¿trabajar sólo con la mano derecha? ¿o que mientras trabajas tienes la mitad de tu mente puesta en otra cosa, como casi todo el mundo?) y horario de trabajo flexible (espero que eso no incluya trabajar los fines de semana) marque el 3.

Dom
23
Ago '09

Geografías y ciclos

Estoy en la cama, bajo una sábana, muerta de calor. Suena un timbre con insistencia. Son las 10 de la mañana de un sábado de agosto. Una voz masculina pregunta en español y con voz alta “¿quién es?” No hay respuesta, al parecer. ¿Quién demonios puede llamar a estas horas? Sé que estoy en Madrid porque lo que veo desde la cama, medio dormida, es mi cuarto de Madrid y porque el que se pelea con el telefonillo es mi hermano, pero hay algo en este despertar intempestivo por un timbrazo que me recuerda a Londres. Mi hermano recorre la casa tratando de saber si falta alguien de la familia y si por tanto el que llama es alguien que no ha podido entrar por algún problema con la puerta del portal o porque se ha dejado la llave o simplemente algún gracioso con ganas de molestar. El telefonillo vuelve a sonar, él vuelve a preguntar quién es, de nuevo sin resultado. Me visto y salgo al pasillo. Mi hermano me cuenta que estamos todos salvo mi madre, así que bajo rápidamente, mientras oigo el ruido del telefonillo sonando con histerismo y me esfuerzo por no seguir mis instintos y gritarle que se tranquilice y que a ver si la próxima vez tiene más cuidado y tal y tal.

Mi madre no es mi madre, sino un tipo de treinta años, bajito y delgado y de cara colorada que lleva un carrito que no es amarillo. Le abro y me fijo en el nombre que figura escrito en el paquete que lleva en la mano. Ahí pone claramente Elsinora Bonasera y mis señas, así que le digo que soy Elsinora Bonasera y que si le hace falta mi DNI podemos subir (pensando que si ha montado un número como éste será porque necesita confirmación de llegada). Dice que no, anota no sé qué cosa en su dispositivo electrónico y me entrega un sobre. La caligrafía me hace pensar en alguien a la intemperie, no sé por qué, quizá porque tiene un cierto temblor y me recuerda un poco a la de mi antigua casera de Londres, y no es sólo porque la última palabra de la dirección sea “Spain”. Pero en realidad el paquete lo ha enviado Yoko, mi ex alumna japonesa, y contiene un oso graduado: un bonito peluche vestido de graduado inglés, con su capita y su gorro y debajo su chaleco con el nombre de mi facultad bordado. Se me antojó el año pasado, cuando fui a Londres para mi graduación, al verlo en la tienda del college, pero resultó que se había agotado. Como estaba tomando algo con Yoko en la cafetería de la facultad ella se ofreció a comprarlo cuando lo recibieran de nuevo y mandármelo. Y bueno, se ve que han tardado justo un año en reponer, con vistas a la graduación de este año. La letra a la intemperie es simplemente la impresión que transmite la caligrafía de muchos asiáticos cuya escritura normal no es alfabética y creo que visualmente se parece a la de S. mi antigua casera porque las dos cogen el boli de una forma bastante parecida, con una torpeza muy característica, como si en realidad fueran zurdas y alguien se hubiera empeñado en que escribieran con la derecha… y claro, la letra resultante deja traslucir cierta vacilación, la sensación de estar escrita a tirones.

Así que me quedo pensando en lo diferente que está siendo este final de verano respecto al del año pasado, pero al mismo tiempo pienso en lo mucho que he notado en mi viaje a Berlín haber vivido dos años fuera, en un lugar en el que se habla inglés, y haberme acostumbrado a manejarme en una ciudad y en un sistema de transportes públicos que no conozco, en el sexto sentido que uno desarrolla para encariñarse con algunos rincones en poco tiempo. Dejo el oso sobre la mesa, con el sobrecito blanco que venía dentro aún sin abrir, y me meto en la cama un rato más.

Al taparme con la sábana (un gesto que resulta poco práctico con este calor, pero que me resisto a no hacer) flotando entre mi piel y la suave sábana de algodón quedan suspendidas una capa de experiencias de dos años, un montón de amigos y palabras y clases básicamente en inglés, pero también algunas en alemán e incluso algunas en chino en medio de un grupo de ingleses particularmente cordiales, en medio del calor y las colas para entrar a los estadios de Pekín.

Mie
19
Ago '09

Aguas defectuosas, bikinis rebeldes y caos

Una piscina pública de verano en una ciudad del interior es la máxima entropía. Una playa muy concurrida también lo es aunque en menor grado, porque al fin y al cabo la parte que tiene de naturaleza impone un cierto orden (natural): es natural que haya arena, es natural que haya olas, es natural que haya peces… y esta naturalidad (contaminada, si se quiere, asfixiada por la urbanización salvaje en las zonas costeras incluso) compensa en cierta manera por todo lo demás, mientras que en una piscina pública en pleno agosto y en pleno Madrid todo es accidental o artificial o entrópico.

Estas cosas pensaba yo mientras trataba de encontrar un hueco para mi toalla y mi mochila bajo un sol de justicia en la piscina de El Canal un día cualquiera de la semana pasada. Me habían dado el número 13 a cambio de mi percha con ropa, pero como no soy supersticiosa no lo tomé como un presagio de nada. Extendí la toalla sobre el suelo, la crema sobre la piel y mi cuerpo sobre la toalla (la teoría lingüística comparativa dice que en español las partes del cuerpo o el cuerpo en sí no precisan de adjetivo posesivo, me habrá poseído el espíritu del espanglish). En seguida el bikini se puso a tono con la entropía del lugar y decidió descolocarse cada pocos segundos y hacer surgir de la nada unos michelines que yo nunca había tenido y que por supuesto no se correspondían con cierta fijación con los gusanitos y los helados. Por más que estirara y recolocara aquella cosa no había manera de disimular esas extrañas incorporaciones, así que aplicando mis conocimientos anatómicos sobre medicina china, meridianos y demás, decidí que lo mejor era permanecer tumbada. Vuelta y vuelta, mano a mano con el bikini y surge en escena el humo de la tipa de al lado. Huyendo del humo me tiro al agua sin gafas y sin gorro y sin tapones sintiéndome rara o poco preparada porque durante nueve meses al año no entro a la piscina sin ninguno de esos elementos. El agua no escuece demasiado los ojos pero al pelo le va la entropía y me ciega. La parte de arriba del bikini no combina bien con un estilo de natación vigoroso, por más que sea un bikini Speedo (de los que la FINA nunca prohibirá), o quizá es que me lo he atado mal y tengo que reprimirme las ganas de recolocarlo cada tres segundos porque así no hay quién nade y menos en medio de los adolescentes chillones, los niños tirándose a bomba y las parejitas besuconas que surcan el agua. Menudo estrés, así no hay quien se relaje para flotar bien.

Descubro que han aislado dos calles mediante corcheras supuestamente para nadar. Ilusa de mí, o gobernada por una nube de neuronas entrópicas, intento nadar por una de ellas, hasta que me rindo a la evidencia de que no puede ser no puede ser y además es imposible: la gente ha interpretado que las corcheras son para jugar, saltar sobre ellas, bucear bajo ellas o para hacer vida social.

Abandono la zona de nado y nado un poco por la zona de no nado. Esta agua es defectuosa, algo le pasa, me digo, porque no termino de sentir que floto bien, porque en cuanto doy cuatro brazadas deja de cubrir o aparece alguien o me tropiezo con objetos flotantes no identificados de tacto inquietante.

Salgo de la piscina y me tiendo junto a la tipa fumadora. De nuevo inicio las negociaciones con la rebelde braga del bikini que va por libre y cuando consigo una tregua me relajo. Empieza a hacer demasiado calor, así que es hora de otro chapuzón. Esta vez pienso ir preparada: me hago una coleta y me pongo las gafas. He ajustado mejor la cuerda del bikini, de hecho creo que el nudo me va a perforar una vértebra cervical, pero me digo que no se puede tener todo en la vida. Una vez en el agua, descubro que las gafas no eran tan buena idea: con una visibilidad casi perfecta bajo la intensa luz del sol no puedo evitar ir haciendo inventario de las sustancias flotantes que habitan el agua: la cantidad y la variedad de esta fauna acuática me da vértigo o quizá el vértigo lo produce el chaval que se tira en bomba a escasos centímetros de mi cabeza o la chavala que ha decidido bucear debajo de mí y de las sustancias en suspensión o el anciano que hace largos nadando de espaldas pasando por encima de lo que se le ponga por delante (y por supuesto no flotando en absoluto y haciendo mal el barrido de los brazos).

En cuanto decido dejar de hacerme mala sangre por las cosas que no me permite hacer este extraño entorno piscinil y ponerme a explorar las que sí me deja, como bucear un poco o mejorar la patada de braza, surge una voz por megafonía que nos informa de que son las 8 menos veinte y que esa voz del más allá nos agradecería que nos fuéramos para evitar aglomeraciones y bla, bla, bla. Obedezco al rato porque total, quién querría luchar para defender su derecho a estar un rato más en este charco superpoblado y caótico.

La versión supuestamente inglesa del aviso me hiela la sangre: una especie de pitufa de voz nasal y acento tirando a marciano masculla que please nos vayamos en el established time y otras cosas. El acento es extraño pero lo que más me extraña es que diga “Attention please” en lugar de “Your attention, please” que es como yo creo que debería empezar su anuncio, pero con tanta confusión como la que reina en este lugar ya no estoy segura de nada. Miro el reloj grande de la fachada y veo que en él son las 6 y media. No entiendo nada, porque recuerdo que compré la entrada poco antes de las siete con el temor de que a esas horas no me dejaran entrar, pero en fin, se ve que no tienen problema en venderte una entrada a las siete menos diez y luego echarte del agua a las ocho menos veinte. Y que tampoco tienen problema en tener un reloj con la hora equivocada.

Mi bikini rebelde y yo nos quedamos secándonos al sol hasta las ocho menos cinco y después regresamos a un mundo donde reina un cierto orden, las zonas dedicadas a una función se respetan y los relojes, a veces, marcan la hora real y uno puede desplazarse sin miedo a que le caiga alguien sobre la chepa o a que alguien le aparezca por debajo.

Lun
17
Ago '09

Pinceladas berlinesas

Berlín es una ciudad muy grande, y compleja, en cambio constante y sobre la que se podrían decir muchas cosas, así que por el momento, mientras digiero el viaje (y descargo las pocas fotos que he hecho), sólo reproduciré algunas reflexiones, en plan impresionista.

“Bajaremos del tren cuando haya suelo”, frase pronunciada por la misma Elsinora que viste y calza, volviendo la primera noche al hotel en Savignyplatz, en medio del entramado de S-Bahn (ferrocarril por superficie) y U-Bahn (subterráneo) mientras miraba muy seria por las ventanas de los dos lados del vagón hacia la noche sin farolas, sin conseguir ver nada.

Bicicletas asesinas apareciendo a toda velocidad por la espalda o de frente, dentro y fuera de los carriles correspondientes.

Una misión imposible: conseguir un simple café con leche que no sea de medio litro… El café latte era una especie de copa gigante con leche cremosa, especie de copa Chamburcy con sabor a café con leche… Lo conseguimos sólo en el Marché del aeropuerto.

Avispas hambrientas revoloteando por todas partes, preferiblemente sobre tu cerveza rubia, tu zumo de manzana o tu vino blanco. (La Paulaner, por cierto, me resultó demasiado fuerte; me gustaron muchas otras rubias como la Jever o la Krombacher y me encantó la negra Köstritzer, con su regusto a café).

Al comprobar las raciones de comida tipo Picapiedra (muy grandes) entendemos por qué hay tantas bicis y por qué conducen con tanta energía. La afición cervecera quizá explique la fijación de los ciclistas por llevarse por delante a los turistas a la menor oportunidad.

Grupo de turcos rezando el domingo en el jardín del Präter en dirección a la Meca, separados de sus mujeres, a unos quinientos metros de otra zona donde algunos berlineses tomaban el sol desnudos.

La última noche, entonando melodías cubanas y latinoamericanas que cantaba un grupito en un restaurante llamado La Batea, en medio de un lugar invadido por los insectos, las velas que se caen y los bichos que se caen en las velas y la cera que se cae en los jerseys. A medida que el diluvio se apropiaba del exterior, la ocupación y la algarabía interiores aumentaban hasta que el lugar parecía cualquiera de los de España.

Y para que no os baje la tensión demasiado con el calor, aquí va un pellizquito de sal gorda, en forma de adivinanza o chiste malo. ¿Qué cantaría María del Monte si en lugar de andaluza fuera alemana del mismo Berlín? “A la sombra de los tilos”. Si no te ha hecho gracia el chiste, a lo mejor es que no sabes que Unter der Linden, el infinito bulevar berlinés que parte de la Puerta de Brandenburgo del lado ex comunista significa en español “Bajo los tilos” o que la ciudad (y otras poblaciones como Potsdam) está cubierta en muchas partes por este frondoso árbol. Los tilos también aparecen en títulos de obras literarias alemanas de autores importantes, como en el caso de Christa Wolf. De la Wolf leí hace mucho tiempo y aún conservo en mi biblioteca “Noticias sobre Christa T”, una novela envolvente, poética y que a ratos corre más que el lector. La publicación en 1967 de este texto hizo que el órgano central del partido comunista de Alemania Oriental la reprobara y también contribuyó mucho a que su reputación literaria se afianzara en Occidente, según explica la contraportada del libro, editado por Seix Barral; en definitiva, un libro recomendable y cortito, con sus 158 pags. Debo confesar que su novela “Casandra” (1983) no la entendí apenas y que me acabó desalentando; creo haber leído “Lo que queda” (1989) y/o “Muestra de infancia” (1972), pero quizá sólo leyera fragmentos para la clase de Literatura de la universidad, tiempo ha, porque mis recuerdos son inconexos.

Aunque también es posible que supieras todo esto del famoso bulevar y el chiste sobre tilos/pinos no te hiciera gracia. Qué le vamos a hacer, la sal gorda es lo que tiene, no es apta para todos los metabolismos… :-)

Por cierto, hablando de metabolismo, la currywurst me gustó, pero no tuve oportunidad de probar el famoso kebab berlinés.

Tratando de recordar los nombres de las cervezas he dado con esta página sobre el idioma y la cultura alemanas…

Mie
5
Ago '09

Con B de Berlín

Tenía pensado escribir un post-acertijo de Wallysinora dando pistas para que tuvierais que andar deduciendo mi destino de vacaciones, mencionando pelis, o canciones, o personajes vinculados a ella, pero visto el calor que hace y que aún no he hecho la maleta prefiero reservar las (pocas) neuronas que me quedan de servicio en este momento para rematar los preparativos en lugar de a andar documentándome y a construir un texto curioso con esa información.

Así que así es. Elsinora se marcha una semana a Berlín, a partir de mañana jueves. Si hay que creer en la estadística de los círculos sociales inmediatos cabe afirmar que medio Madrid está allí y que un tercio de España también, pero bueno, como yo respeto mucho los planes “parejiles” (perejiles dice el corrector de Word; ¿qué narices será un plan perejil?), parte de ese medio Madrid que está allí puede contar con conservar su independencia.

Así que sed buenos, disfrutad todo lo que podáis y nos leemos a la vuelta.
P.S. Si alguien tiene una sugerencia berlinesa, favor de transmitirla ahora o callar para siempre :-)

Mar
4
Ago '09

Gusanos gigantes, supernaranjas y padres que intentan ligar con su hija en el funeral de su ex-mujer

Los investigadores del CSIC han descubierto huellas de gusanos gigantes de hace 4700 años en el Parque Nacional de Cabañeros, debajo de lo que entonces era un fondo marino . Los bichos en sí debían medir un metro de largo y unos quince centímetros de ancho. Un poco más al Este, en la comunidad valenciana un industrioso agricultor ha descubierto una variedad de naranja producto de una mutación espontánea entre naranja y clementina, que produce frutos gigantes, sin pipas y muy dulces y que además florece fuera de temporada. Parece que el hombre quiso certificar su hallazgo por las vías oficiales autonómicas con idea de repartir después las licencias del nuevo cultivo entre pequeños agricultores y que desde entonces le están haciendo la vida imposible, le envenenan el árbol y a sus animales y a él le narcotizan y le meten cosas por un ojo…. Alvaro Sanchis Sisternes -así se llama el sufrido “descubridor”- cree que detrás de la guerra sucia se encuentra alguna gran empresa del sector cítrico, o en otras palabras, algún ácido empresario sin escrúpulos. Visto lo visto (por el ojo bueno), el industrioso agricultor ha decidido cruzar el charco con su “invento” y registrar el invento en el otro extremo del fondo marino atlántico, es decir en Estados Unidos. Y hablando de Estados Unidos, las noticias que vienen de ahí, serpientes o gusanos de verano, o meras noticias sorprendentes son una marea que no cesa. Cuando no nos llega una noticia de Michael Jackson nos obsequian con otra aún más sorprendente como la que refiere una escena en la que el actor Ryan O´Neal (el chico de Love Story) tratando de ligar con su propia hija en el funeral de su ex mujer Farrah Fawcett. Cierto que hacía décadas que la actriz, llamada Tatum (casi como el colutorio verde) y Ryan que tiene casi 70 años no se veían (el actor tiene cuatro hijos, de tres mujeres y sólo se habla con uno), pero de ahí a ir ligando con la primera rubia que se te cruza en el funeral de tu ex mujer… Según el artículo de El País, además, Ryan llamó a esta hija “puta” porque en un libro contaba que sus padres consumían drogas y que su padre la maltrataba física y psicólogicamente. Con una infancia así tampoco extraña mucho que a ella la detuvieran cuando trataba de comprar crack y cocaína en la calle en Nueva York. Pero para dejar las cosas en su sitio hay que decir que Tatum O´Neal ganó en 1974 un Oscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación en “Luna de papel”.

Y bueno si alguno vio “El doctor T y las mujeres” , la peli en la que un sonriente Richard Gere hace de ginecólogo adinerado y cortés y Farrah Fawcett de su mujer, víctima de una extraña enfermedad producto de la excesiva paz familiar y de una vida regalada (o “de un amor inmerecido”, como dice Sergi Sánchez en su completa crítica), no podrá dejar de considerar que Robert Altman, director de la peli, o la guionista Anne Rapp conocían al dedillo la trayectoria de Fawcett y O´Neal y que su sentido del humor (o su retranca) era tan larga como los gusanos antediluvianos de Cabañeros, quizá porque el cineasta y la guionista llevan años alimentándose con sus propias supernaranjas cultivadas secretamente en Orange County, la Valencia californiana, gracias al silencioso tráfico de gusanos gigantes bajo el fondo marino del Atlántico portador de semillas y claro esas naranjas recargan tu vitamina C, pero también tu acidez, por muy dulces que las considere su “descubridor”.

Vie
31
Jul '09

Vidas paralelas

Hay otras vidas, pero están en ésta…

Esta mañana a las nueve en punto ha sonado la alarma de mi móvil, pero en realidad no era el despertador (estoy más o menos de vacaciones) sino una nota de aviso, programada meses atrás. Decía: “Ojo entrega traducción completa”. Hoy 31 de julio tenía que entregar una historia que al final se ha pospuesto. Desde entonces, han ocurrido otras cosas, y surgido nuevos proyectos y obligaciones, así que la persistencia del móvil en los planes antiguos y su llamada desde el subterráneo mundo de la posibilidad que no llegó a ser me ha arrancado un escalofrío.

Y es que hay otras vidas para cada uno de nosotros pero esas vidas, de algún modo, están en ésta.

Mie
29
Jul '09

Cambio de planes

La Vera y mi semana de chikung tendrán que esperar. Resulta que este año no ha habido quorum suficiente para el taller de Chikung en la Vera extremeña al que quería ir, así que esas cosas tan bonitas de aprender a separar el cielo de la tierra contra un fondo de montaña verde cubierta de frutales se quedan en compás de espera hasta mejor ocasión. Coincidiréis conmigo en que aprender a hacer esas lindezas en las condiciones descritas no es comparable a hacerlas con un libro en la mano y en el Retiro (o en el parque de El Canal, el polémico complejo con campo de golf que montó la Esperancita en Avda de Filipinas, y al que le he cogido el gusto últimamente; al parque, no al golf) y con el bolso bien agarrado para que no te lo mangue el primer chorizo sudoroso que pase… Aunque creo que la zona a la que iba a ir está cerca de las Hurdes quemadas, así que no sé realmente qué lugar es menos infernal hoy por hoy.

Pero en fin, como estoy en plan filosófico he encajado este revés del destino (o de la crisis económica; me comentaba el organizador del taller que los grupos hasta este año siempre se han llenado) con espíritu deportivo y después de patearme la Red en busca de alternativas parecidas a mi curso y tras haber encontrado cosas tipo “Yoga y bricolaje en el Pirineo”, o “Taichí, milagros y tuttifruti de disciplinas cuerpo-mente en el Ampurdán” y además en fechas que no me terminaban de cuadrar, he decidido que puedo pasar un verano más sin conocer la tabla de los cinco animales y que una semanita de cultura por Europa no me vendría mal. No concreto más por ahora, no vaya a ser que el destino se interponga de nuevo.

Y eso es todo por el momento. Me quedo con ganas de comentar sobre el equipo de natación sincronizada “abonado” a la plata, sobre nuestro velocista cordobés de mariposa que estaba destinado a fulminar los cronos y quedó tercero y sobre los nuevos bañadores de poliuretano, pero la verdad es que lo que se me ocurren son comentarios inconexos de aficionado “enteradillo”, tipo mesa de tertulianos de la tele, y para eso ya está la tele…